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Dominique Venner, historiador neo-pagano: el testimonio de un cristiano

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(Por: Arnaud Imatz) Después de leer muchos artículos laudatorios o difamatorios, publicados con motivo de la muerte de Dominique Venner, puede ser útil añadir un testimonio personal. Por razones generacionales, no conocí el joven soldado, el militante  anti-comunista o el nacionalista europeo redactor de Europe-Action.

 

 

Durante el verano de 1968 en respuesta a los acontecimientos de mayo, yo había interrumpido voluntariamente mis estudios en Ciencias Económicas para hacer el servicio militar. Venner había abandonado definitivamente la acción política, cuando me uní al 6º RPIM (Regimiento Paracaidista de Infanteria de Marina), que en ese momento era la única unidad paracaidista compuesta por reclutas susceptible de ser enviada a operaciones en el extranjero.

Fue mucho más tarde, en la década de 1980, cuando descubrí a Dominique Venner y sus escritos. Nunca dejé de seguir con atención sus trabajos. Viviendo en España desde 1986, he tenido pocas oportunidades de encontrarlo, aparte de emisiones de radio donde Venner hacia generosamente promoción de mis libros.

En 2010, recibí una llamada telefónica de nuestro editor y amigo español Javier Ruiz Portella. A petición expresa de Dominique, Portella me propuso que escribiera el prólogo de su libro "Europa y su destino", una obra que había escrito especialmente para los lectores hispanos. Consciente de mi privilegio, no lo dudé un momento. Yo tenía absoluta libertad para escribir acerca de lo que me acercó y al tiempo, me alejó de él. Venner no ignoraba mi catolicismo, ni el gaullismo de mi juventud, ni yo ignoraba su neo-paganismo (muy anticristiano), o su activismo anti-gaullista del pasado.

Cuando presenté mi texto de doce páginas, hizo un solo comentario tan vehemente como severo. Fue la interpretación del acto de Claus von Stauffenberg, autor del atentado frustrado contra Hitler, un tema muy sensible para ambos, ya que compartimos una admiración igual y profunda para el joven coronel. ¿La razón decisiva para el acto de Stauffenberg debería ser buscada en el sentido del honor, el patriotismo, la conciencia católica o la conexión espiritual del poeta neo-pagano Stefan George? ¿Diferentes interpretaciones eran exclusivas o complementarias? Nuestra tenacidad hizo que la disputa se convirtiera rápidamente en "sangrante". Pero en vez de llevarnos a la ruptura inevitable, tejió entre nosotros los lazos de una amistad indisoluble.

Colaborador del NRH, tuve posteriormente casi todos los meses, hasta el pasado mayo, conversaciones telefónicas interesantes y estimulantes con Dominique. Lo vi por última vez en la noche del 31 diciembre al 1 enero de 2013. Nunca olvidaré que en esta ocasión, pudiera dar  a este francés-europeo, "prusiano" de actitud y de corazón, el "abrazo" hispano, cálido abrazo de hombres que, más allá de los Pirineos, está reservado para los amigos.

En mi prólogo, publicado en España, escribí que Venner, "fue uno de los historiadores franceses que más merece ser leído y discutido" y subraye "que era un honor para mí presentar su trabajo para el público español". Hoy ratifico estas palabras, pero lo más importante, quiero rendir homenaje a su nobleza y la grandeza de su alma. Yo tengo la prueba indiscutible en sus cartas que conservo con aprecio.

Venner detestaba el sentimentalismo, pero vivía profundamente las emociones y sentimientos. Una cierta ética nos unía. Yo admiraba en él el valor, la integridad, la constancia, el hombre, a la vez intemporal y en su tiempo, que osaba hacer afirmaciones y negaciones rotundas. El hombre que sabía que el triunfo y el fracaso son menos importantes que el ejemplo y el testimonio.

El hombre que aprecia la reacción del poeta español falangista, Eugenio Montes, el feroz crítico del oportunismo que, invitado amablemente a negar su compromiso político por un amigo cercano, respondió: "La gente como nosotros, tienen sólo dos puertas realmente dignas de salida: el suicidio cuando no son creyentes y hacerse monje trapense cuando son creyentes ".

Ante la muerte de Dominique Venner, las reacciones de algunos cristianos me han golpeado y decepcionado, otros en cambio, me han reconfortado y fortalecido. Yo no soy de los que confunden cristianismo e ideología, ni el acto y la persona. Un cristiano no debe tener miedo. Yo respeto todos los preceptos de la Iglesia y no me olvido de la principal lección aprendida de la misma a partir de una edad muy temprana: en última instancia, sólo Dios escudriña los corazones y las intenciones, sólo Dios sabe los méritos de cada uno, solo Dios juzga. En cuanto a la apreciación de los hombres de letras, decir que siento en esta materia una importancia mucho menor.

Con toda la experiencia de mi edad, escribo con calma que Dominique Venner es y seguirá siendo para mí uno de los pocos seres excepcionales que he tenido la suerte de conocer en mi vida.

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